La revista de Destino Brasil

Qué hacer en Ilha Grande: la isla sin coches frente a Río

Vista aérea de una bahía semicircular de arena dorada rodeada por la densa selva atlántica en Ilha Grande, Brasil.

Hay un momento, al salir de Río de Janeiro hacia el sur, en el que la carretera empieza a pegarse a la montaña y el mar se llena de islas. Ahí empieza la Costa Verde. En el centro de esa bahía, frente a la costa del estado de Río, está Ilha Grande: casi 193 km² de Mata Atlántica, más de cien playas y un detalle que lo cambia todo. No hay coches. Se llega en barco, y una vez allí se camina o se navega.

En Destino Brasil organizamos Ilha Grande tanto como escapada desde Río como estancia de dos, tres o cuatro noches. Es un destino de playa que combina genial con una visita a la Ciudad Maravillosa. También recomendarlos combinarlo con Paraty, otra preciosa ciudad colonial.

Dónde está y por qué se ha conservado tan bien

Ilha Grande pertenece al municipio de Angra dos Reis, en la bahía del mismo nombre. Del continente salen barcos compartidos o privados desde Mangaratiba, Conceição de Jacareí o Angra dos Reis hasta Vila do Abraão. El traslado ronda la hora y media, según el puerto.

Orilla de arena blanca con aguas cristalinas y colinas verdes de fondo en una ensenada protegida de Ilha Grande.

A la región se la llama a veces “el Caribe brasileño”. El apodo se entiende cuando ves el agua, pero el paisaje es montañoso, con selva hasta la arena, cascadas, ensenadas y dos cumbres que se alzan sobre la isla: Pedra d’Água (ronda los 1.031 metros) y el Pico do Papagaio (unos 982 metros).

Gran parte de la isla está protegida por el Parque Estadual da Ilha Grande y por la Reserva Biológica da Praia do Sul. En julio de 2019, Ilha Grande y Paraty fueron reconocidas por la UNESCO como Patrimonio Mundial mixto (natural y cultural): el primer bien brasileño inscrito en esa categoría. El conjunto forma uno de los mayores remanentes de Mata Atlántica del país.

Para el viajero esto se traduce en algo muy concreto: no hay resorts de gran altura, no hay avenida costera y no hay tráfico. El lujo aquí es la autenticidad, el agua clara y el hecho de que la selva llega hasta la playa.

Una isla con historia

Antigua torre de vigilancia de la histórica prisión de Dois Rios cubierta por la vegetación selvática en Ilha Grande.

Ilha Grande no nació como destino de playa. Su importancia empieza con la propia historia de Brasil. Fue territorio de pueblos originarios, escenario de piratería, tráfico de esclavos y contrabando entre los siglos XVI y XIX, y más tarde de caña y café. Todavía quedan iglesias y restos entre la vegetación.

La carcel de Dois Rios se instaló en 1903 y funcionó, con interrupciones, hasta mediados del siglo XX. Allí hubo presos políticos, espías y escritores. El último capítulo carcelario de la isla se cerró en 1994. Desde entonces todo cambió: ecoturismo, parque y conservación. Esa capa histórica que el lugar que se salvase, en parte, porque durante décadas estuvo cerrado.

La tasa de turismo: un trámite pequeño que conviene hacer bien

Para conservar la isla, las autoridades locales aplican desde 2026 una tasa de turismo obligatoria. Si duermes en Ilha Grande, la tarifa estándar es de 50 reales por persona (unos 9 euros). Si vas en una excursión de un día y no te quedas a dormir, son 100 reales por persona (unos 18 euros). Los menores de 5 años y los mayores de 60 están exentos. Los importes pueden cambiar, así que conviene comprobarlos antes de viajar.

El pago se puede hacer en los tótems del Muelle Santa Luzia (Angra dos Reis) o del Muelle de Abraão, o por la web y la app oficiales de Viva Angra. Nuestra recomendación es pagarla con antelación: el embarque fluye mejor y evitas colas. Si no se hace antes, hay que pagarla en el muelle.

Vila do Abraão: el pueblo de Ilha Grande

Plaza principal de Vila do Abraão con su iglesia histórica, palmeras y puestos callejeros en Ilha Grande.

La mayor parte de la estructura turística de Ilha Grande está en Vila do Abraão: pousadas, bares, restaurantes, la iglesia de São Sebastião y el Pico do Papagaio al fondo. Desde aquí salen casi todos los barcos y las sendas. No es un pueblo de postal colonial. Es un embarcadero con unas pocas calles y el mar a un paso.

No hay cajeros en toda la isla. Lleva efectivo y no dependas solo de la tarjeta, aunque muchos restaurantes la aceptan. Tampoco esperes una vida nocturna de copas hasta tarde. La isla se apaga pronto, y eso es parte del encanto.

En alojamiento no buscamos el hotel más grande (ni si quiera los hay), sino el que esté bien situado respecto al muelle, al ruido de los grupos y al ritmo de cada viajero. En Destino Brasil solemos trabajar con pousadas que conocemos de primera mano. Algunas de ellas son: Naturalia, Bonito Paraíso, Portal do Sol, Papiro Boutique Hotel, Bela Vista y Recreio da Praia.

Qué hacer en Ilha Grande

Lopes Mendes, la mejor playa del mundo

Vista aérea de la extensa playa virgen de arena blanca y mar turquesa de Lopes Mendes en Ilha Grande, Brasil.

Si hay una imagen que resume las playas de Ilha Grande, es Lopes Mendes. En nuestros tours la presentamos tal como es: una de las playas que, de forma reiterada, aparece entre las mejores del planeta. Para visitarla cogemos un barco. Tras una navegación corta y una pequeña caminata por la selva atlántica, se abren casi tres kilómetros de arena blanca finísima y un azul que, en días claros, parece irreal.

Es una playa virgen, sin construcciones. El tiempo se para. En el itinerario que organizamos dejamos unas cuatro horas para nadar, caminar o quedarse a la sombra de las amendoeiras. Al final de la playa hay un arroyo de agua limpia, una capilla pequeña y un mosaico de Silvio Cavalheiro hecho sobre un antiguo barril de barco: un detalle que casi nadie busca.

Lagoa Azul, Lagoa Verde y la navegación por la bahía

Es otra de las excursiones estrella que organizamos. Navegamos hasta Lagoa Azul y Lagoa Verde, dos lugares con una visibilidad tan alta que el snorkel es la actividad estrella. No son lagunas interiores: son ensenadas poco profundas, con peces tropicales y ese color que tiene Ilha Grande.

Las salidas más solicitadas combinan Japariz (donde solemos comer frente al mar), Lagoa Azul, la zona de Santana Leste y Saco do Céu. Según el día, el circuito puede incluir paradas en Ilha do Morcego o Abraãozinho. Si el tiempo no acompaña hacemos lo posible para mover la excursión al día siguiente que probablemente esté totalmente soleado.

Vista panorámica de Lagoa Azul en Ilha Grande con embarcaciones fondeadas en sus aguas transparentes rodeadas de islotes verdes.

Buceo en Ilha Grande

Para los amantes del buceo con botella, Ilha Grande es uno de los enclaves más completos del litoral brasileño gracias a su visibilidad privilegiada y a la concentración de pecios históricos a cotas accesibles. En las inmediaciones de la costa y el puerto reposan antiguos naufragios coloniales y barcos a vapor convertidos hoy en arrecifes artificiales, donde es posible realizar inmersiones técnicas y recreativas entre estructuras colonizadas por corales, bancos de peces tropicales, caballitos de mar y grandes rayas, con una biodiversidad marina documentada que supera las 900 especies.

Pico do Papagaio y los senderos de la Mata Atlántica

Formación rocosa del Pico do Papagaio elevándose sobre la frondosa selva atlántica de Ilha Grande, Brasil.

Ilha Grande está llena de senderos marcados en medio de la selva. Caminando se recorre la isla de otra manera: sombra, humedad, el sonido de los tucanes y, de vez en cuando, un claro con el mar abajo.

El Pico do Papagaio no es un paseo. Desde Abraão parece un pico accesible, pero no lo es. Son tres horas de subida, entre raíces, piedras y humedad. Si hay suerte, la vista cubre casi toda la isla y, en días muy limpios, incluso se llega a ver la zona de Río.

La Ilha Grande menos conocida

Muy cerca de Abraão hay una ruta que nos gusta especialmente para echar la tarde: las ruinas del Lazareto, el acueducto y, si apetece caminar un poco más, Praia da Feiticeira y su cascada.

Vista aérea de una pequeña lancha navegando sobre el mar transparente de Praia do Aventureiro en Ilha Grande.

El acueducto merece una parada. Tiene 26 arcos en una secuencia de unos 125 metros. Se construyó en 1873, con piedra y aceite de ballena, para llevar agua al lazareto, hoy en ruinas. Son los restos de un antiguo hospital de cuarentena construido a finales del siglo XIX, que después funcionó como cárcel y fue parcialmente demolido en 1932. No es el paisaje más espectacular de la isla, pero explica por qué Ilha Grande no se urbanizó como otras costas brasileñas.

Si quieres seguir investigando, puedes visitar algunas de las playas que muchos viajeros solo conocen de oídas: Aventureiro, Caxadaço y Parnaioca. Son la cara más salvaje de las playas de Ilha Grande. Para llegar tienes que tener ganas de caminar y un respeto absoluto por las normas del parque. Muy recomendadas si te gusta el trekking.

¿Cuántos días necesitas para visitar Ilha Grande?

Existe la posibilidad de hacer una excursión de un día desde Río de Janeiro. Salimos temprano y pasamos el día en los mejores puntos de la isla. Es una buena introducción, pero recuerda que, en ese formato, la tasa de turismo es más cara. Nosotros lo ofrecemos, pero insistimos: si puedes, duerme.

Con dos noches, el viaje cambia de categoría: un día de barco, un día de Lopes Mendes y un atardecer en Abraão sin prisa. Con tres o cuatro noches, se pueden añadir más playas y un trekking más largo. Y la tasa, al dormir, es más baja. La isla premia a quien se queda.

Y un criterio que usamos mucho con clientes españoles: Ilha Grande funciona como destino de playa en cualquier época del año. El agua está más cálida en verano austral y más fresca en invierno, pero siempre puedes bañarte. Incluso en enero, que suele ser más lluvioso, es muy común tener ratos de sol casi todos los días.

Nuestros consejos para visitar Ilha Grande

Lleva calzado que se pueda mojar, protección solar, efectivo y una bolsa estanca para el móvil en el barco. Paga la tasa por Viva Angra antes de llegar al muelle. En el parque hay normas claras: no se acampa donde no está permitido, no se usa jabón en cascadas, no se sale de las sendas.

Saber qué hacer en Ilha Grande es relativamente fácil. Lo difícil es cuadrar el barco, el día de mar, el alojamiento, las tasas y los traslados. En Destino Brasil lo diseñamos dentro de un viaje a medida.

Lanchas fondeadas en una ensenada de aguas turquesas y vegetación tropical en la costa de Ilha Grande, Brasil.

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